Thursday, 11 August 2011

Capítulo I: Silencio, el tuyo y el mío.

Antes de empezar, copio el enlace de la última entrada del blog que escribí al finalizar mi ERASMUS, explicando mi último mes en Suecia sin posibilidad de poder reparar mis audífonos. Se titula, qué jodido es ser normal, ahí va:
Fue a raíz de esto, que me he decidido a escribir este nuevo blog.



CAPITULO I: SILENCIO, EL TUYO Y EL MÍO

Podría asegurar con la mano en el fuego y no me quemo que para una persona con pérdida auditiva el silencio adquiere otra connotación además de la que se tiene como concepto de él. No es lo mismo tú silencio, que mi silencio sin los audífonos.

Veamos que piensa una persona así (al menos yo). Para que veas lo subjetivo que puede llegar a ser te haré una pregunta.

¿Qué es para ti el silencio? Piénsa la respuesta.
Yo te diré lo que es tu silencio desde mi punto de vista (te pondré 2 situaciones de lo más normales pero que me gustan mucho):
Imáginate que estas en el balcón de un quinto piso, dónde cabe una mesa redonda de madera baja y dos cómodas y blancas hamacas. ¿Ya? Ahora siéntate en una de ellas, relájate y dirige tu mirada a través de los barrotes pintados de negro del balcón, donde se ve un parque con altos, verdosos y grandes árboles y columpios. No oyes nada, excepto un leve pero constante susurro y un sonido vivo y enérgico de ir y venir de la naturaleza. Ese susurro, es el susurro que hacen las hojas de los árboles al moverse por el aire y el sonido constante y enérgico es el canto de los pájaros con tal de atraer a las hembras. Maravilloso, ¿verdad?
Ahora nos centraremos en otro sonido, pero más artificial:
Imagínate que sigues en el mismo balcón, sentad@ en la misma blanca y cómoda hamaca pero... de noche. Estás en silencio, fumando. Mirando el mismo parque bañado por la tenue luz de las farolas. Oyes un ruido lejano. Es constante, se está moviendo. Es un coche cruzando la intransitada avenida que queda justo al lado. Cada vez se aleja más y más el ruido de su tubo de escape. El ruido del motor en combustión se va haciendo leve hasta disolverse en la noche. Hasta volver otra vez a la tranquila y tenue noche que estábamos al principio. Maravilloso, también, ¿no?

Mi silencio (sin audífonos, matizo) no tiene << tanto volumen >>. Mi silencio sería estar en el mismo sitio que te acabas de imaginar, sentado en la blanca hamaca, y dentro de una burbuja de plástico insonorizada. Es decir, con mi canal auditivo no soy capaz de percibir esos sonidos que hemos imaginado ahora.

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