Saturday, 28 December 2013

Que jodido es ser normal


Bueno esto quería escribirlo desde hace muchísimo tiempo. Así que voy a contarlo desde mi experiencia ahora que tuve ambos audífonos rotos el último mes de mi ERASMUS en Suecia.

Para empezar tengo un 50% de audición en el oído derecho y un 45% de audición en el oído izquierdo y sino los llevo los sonidos agudos no los oigo ni en los sueños, al menos que tenga la fuente emisora en mi oreja y aun así no todos.


 Que se me rompieran, fue peor que no tenerlos cuando podía hacer vida normal más o menos porque me iba acostumbrando sin saber qué pasaba realmente a oír cada vez menos. Digo que fue peor porque, en ese momento que se rompen, sabes que se oye más y mejor de lo que oyes. Es muy estresante que, con cada paso que das, antes había un sonido. Que al poner el temporizador de la plancha, antes, había un sonido (tic, tac, tic, tac...). Que al estar dentro de la habitación pienses si estas solo en la residencia o si habrá alguien ahí afuera, pues antes, había un sonido, un sonido de alguien pasando por el pasillo. Quieres hacer vida normal y no puedes... Alguno preguntará, y... ¿por qué no los enviastes a reparar a España? Pues porque el correo me cubría como máximo 2000€ y sólo un audífono cuesta 3000€. Así que aunque sólo enviase uno, si me lo pierden, ¿quién me paga los 1000€ restantes? Y no, el estado no me subvenciona nada, pues tampoco tengo 33% de discapacidad, pero según me dijo Malin, en Suecia sí que te los dan y gratis...


 Aunque si me paro a pensar, no diría que esto es peor, sino diferente pero igual de doloroso. Es decir, me refiero al hecho de tener unos audífonos y que se te estropeen y entonces no oír sonidos que hasta ahora oías. Eso es diferente comparado (esto me ha pasado durante años, antes de ponerme mis primeros audífonos, cerca de los 20) con que al principio te vas dando cuenta de que no escuchas bien al profesor, no puedes ver la tele al mismo volumen que tus amigos y no sabes que te pasa porque ellos pueden y tú no. Hasta cuando te hablaban, cuesta entender. Así que si de una frase de 10 palabras hay 2 que no escuchas bien y son relevantes para entender el significado de la frase, intentando entender, la interpretas como puedes, pero en cierta manera te estás acostumbrando sin darte cuenta. Eso es, básicamente, tener una percepción de la realidad diferente a los demás, ni más ni menos, estás viviendo una realidad diferente. Porque sin darte cuenta, empiezas a interpretarla a tu manera, con los muchos malentendidos y situaciones incómodas que conlleva eso. Una por ejemplo, y que me ha pasado a menudo, es que te digan que estás bobo o que no te enteras y tú por dentro sabes realmente por qué ha ocurrido, es porque no oyes bien.. Esto te puede generar rencor y venganza, esperando el mejor momento para dar la estacada. Así que hay que tener mucho cuidado porque vivir con rencor no es nada bueno, y hay que saber entender y perdonar, pues creo que entendiendo a los demás, te entenderán a ti. Pero no es fácil, porque no hay nada hecho.  

 Podría relatar unas cuántas anécdotas pues tengo mil y una historias pero contaré alguna que me hace gracia y continuaré desde mi punto de vista, de cuando me di cuenta de que algo pasaba. Se me ha olvidado explicar que está perdida de audición, ha sido heredada genéticamente de mi abuela. En un principio siempre pude hacer vida normal, además solía tener las mejoras notas de mi clase con algunos compañeros. 
 Aunque no tenga mucho que ver con la sordera, siempre recordaré cuando en 5º de primaria siempre hacía las divisiones bien y el profesor comprobaba si la mía estaba bien y a partir de la mía corregía las de toda la clase. Al final, el ambiente que se respiraba allí era tenso (¡uno me llegó a decir delante del maestro que las hacía con la calculadora! Más quisieras tú! Le dijo el maestro) Así que un día, falle una a propósito, ya no podía más. El siguiente momento lo tengo grabado como una película. El maestro, después de comprobarla, dijo: - La tienes mal. Y toda la clase se puso a aplaudir. Aquello me dejo estupefacto, pero por otro lado me sentí aliviado. Soy humano eh! El secreto de hacer las divisiones bien residía en qué mi madre por la noche me corregía las divisiones y hasta que no las hacía bien no me dejaba dormir, al final las hacía todas bien. La moraleja de esto es, parafraseando a Albert Einstein, el genio se compone de 1% de talento y del 99% de perseverancia y aplicación y no al contrario como llegaría a pensar años más tarde.

 Seguí estudiando y a pesar de disminuir mi rendimiento académico al entrar al instituto, por falta de ganas, llegué hasta los 16 años pudiendo hacer vida normal más o menos y sacándome el graduado sin mucho esfuerzo pero... a partir de aquí empeoró la pérdida de audición, haciéndome la vida un poquito más difícil. Yo no entendía nada, pero cuando hablando el profesor en clase se iba para el lado opuesto al que estaba sentado yo, me sentía incómodo o cuando hablaba alguien de la última fila estando yo en las primeras, sabía que decía algo pero no sabía qué. ¡Y es que me había acostumbrado a leer los labios!

 Entonces mis padres me compraron unos audífonos como los de la foto de la izquierda, por 4500€. Ahora tengo otros nuevos que me compraron en julio del año pasado que costaron (6000€) y son como el de la foto que pongo abajo. La cuestión es que yo no los podía ni ver, no quería aceptar que estaba sordo (así era como lo veía yo, aunque estoy parcialmente), y que me tenía que poner esa mierda, tenía miedo de lo que pudiera decir la gente o si me marginarían, así de paso caí unos cuantos años en los oscuridad de la noche. Hasta que termine el bachillerato en 4 años, sí en 4 años, y me fui a Londres a estudiar inglés 3 semanas con la beca del MEC. Aquello fue para mí un punto de inflexión, pues sabía que tenía que ponérmelos, pues definitivamente no oía bien... 



 Desde entonces todo ha sido tan diferente y nuevo a la vez, pues he tenido que enfrentarme a la fascinante y compleja tarea de repensarme, redescubrirme y reorganizarme en todo tipo de situaciones y ¡aún sigo haciéndolo! Primero empecé a ponérmelos con mis compañeros de mi piso, después en el bar que trabajaba (me ayudó bastante el estar en contacto con gente que no conocía o no solía estar), después en la uni, hasta que los llevaba en todo momento y poco a poco fui superando mi barrera mental.

 Aunque creo que nadie de por sí está preparado para afrontar una cosa así, ahora miro atrás y creo que la culpa fue mía por no tener más comunicación con mis padres o al menos tener la valentía de pedir que necesitaba un psicólogo (no he ido nunca). Han sido unos años bastante duros para mí y para todos supongo. Por mi parte lo que más me ha costado ha sido volver a tener confianza en mí mismo, especialmente con los estudios (pensaba que era un inútil), lo que me ha ayudado ha sido saber que en la escuela sacaba buenas notas, incluso algunos dieces, así que sabía que podía pero esto no lo puedes cambiar de un día para otro, necesitas ver resultados para creer, aunque tienes que creer para ver. Y para la otra gente: mi familia, amigos... porque imagino que no habrá sido fácil tratar conmigo. 

 Por otro lado, ¡creo que también puede ser un punto fuerte! No para ti, sino para los demás, porque alguien que se vea mal o que tenga depresión y que esté sano puede verte a ti y pensar, si él tiene pérdida de audición y con audífonos sale adelante, porque yo, estando sano ¿no?
 Lo único que me da miedo de verdad en esta vida es que se me rompan los audífonos, yo los trato como mis ojos. Pues aparte de que valen un pastón (6000€ los dos), sin ellos no puedo hacer vida normal y vaya si oigo bien, como una persona normal, oír bien es vida :).
 
 También le doy gracias a David por estar ahí el último mes que los tenía rotos en Halmstad aunque nos saturamos de vivir en la misma habitación, aun así si en ese momento no tienes a alguien de confianza como uno de tus mejores amigos, es difícil saber con quién contar. También gracias a esa gente sueca y de ERASMUS que te sorprende haciendo más llevaderos esos momentos: Carolina, Elise, Aurelie, Timi, Amaia, Calini, Claudio, Chris, Marcus, Sanks, Gregor, Romain, Henry, Mehrdad, Nima, Jimmy, Rafael, Fernando, Rahul, Mohan, Anilkumar pues no les importaba repertimelo una y otra vez hasta que lo entendiera y siempre con una gran sonrisa. Así que nada os frene para hacer un ERASMUS!

Thursday, 18 August 2011

Capítulo III: La pérdida auditiva








Aunque técnicamente se llama hipoacusia, me imagino que igual después de leer varias veces estas palabras; pérdida auditiva, te gustaría saber que es lo que la causa. Son muchos los factores que contribuyen a la pérdida auditiva. Podríamos dividirlos en dos bloques: prevenibles y no prevenibles.
Los prevenibles serían:
  • Por ruido derivado de escuchar música a alto volumen.
  • Trabajar en un entorno ruidoso (una fábrica, en el asfalto la calle).
En cambio, los no prevenibles:
  • Factores hereditarios.
  • Enfermedades.
  • Reacciones a medicamentos.
  • Lesiones.
  • Complicaciones durante el embarazo.

En mi caso, es hereditario. Mi abuela también lo tiene. El caso es que hasta los 16 años pude hacer "vida normal" sin el uso de ellos (aunque siempre digo esto, después de haber experimentado tanta riqueza auditiva con los audífonos, sé que mi infancia hubiese sido otra cosa, supongo que mejor por oír mejor pero, por otro lado, con lo desastre que soy, peor, jeje. Menudos disgustos le hubiese dado a mi madre perdiendo unos aparatos tan caros).
Volviendo al hilo principal, voy a contar como se desencadenó mi historia hasta tener los audífonos. Hasta que llegué a 4rto de la E.S.O siempre pude << apañarmelas >> . Pero, un jueves de Marzo, en la segunda hora del instituto, en pleno examen de Biología, donde no eramos mucho, porque era una asignatura opcional, Leah, la profesora, sentada en su mesa ubicada al fondo y al centro de la clase, me llamó. Yo estaba al lado de su mesa pero pegado a la pared, en la esquina derecha. Concentrado con las leyes de Mendel y sus cruces hereditarios estaba cuando de repente un escalofrío me recorrió la espalda entera, desde el final de la columna vertebral hasta el cerebro.
No sé las veces que me habría llamado, tres, cuatro o cinco. Al girar mi cabeza vi a mis compañeros riéndose con la risa de hiena que tanto detestaba. Dada su desinformación hacia mi problema, supongo que se reirían igual que de alguien que no oye algo, dando a entender que está en la parra. Aunque aquello me dolió. Entonces Leah empezó a preguntarme que me pasaba, yo le mentí diciendo que no oía bien por la oreja izquierda. Entonces se lo dijo a la tutora. La tutora me intercambió de sitio con Cristina (La Gata) poniéndome en el lado izquierdo de la clase con Noelia para así poder oír por la oreja derecha. Pero la tutora en poco tiempo, días quizá, se dió cuenta que no iba bien. Así pues, la tutora, Rosa Bordes (hoy puedo estarle agradecido, pues yo era un cobarde), que conoce a mi madre, se lo dijo.
A raíz de esto, mi madre me llevó a una médica privada en el mismo pueblo, Pego. La doctora Blanes me hizo una audiometría (prueba en la que se miden los tonos graves y agudos en una cabina insonorizada, como la imagen de la izquierda) en su despacho. En este instante, la mezcla de seriedad, silencios un poco largos y miradas de compasión me hacían sentir incómodo y en tensión.
El resultado, un papel donde había una gráfica con dos líneas (como la imagen de abajo) representando cada color cada oído, verificó lo que más temía en ese momento.
Estaba por debajo del umbral de una persona oyente normal. Eso significaba que iba a necesitar audífonos. En ese momento se me hizo una montaña enorme, tan alta que no veía el pico.

Entonces, como la doctora Blanes trabaja en el hospital de Dénia, La Pedrera, me mandó para allí, haciéndome otra audiometría para finalmente recomendarme un centro de corrección auditiva, GAES.
Días más tarde, después de pedir cita en una sede en Oliva, pues en mi pueblo no hay, fuí. Una vez allí, me atendió una mujer sonriente, con pelo castaño y rizado.
Sandra, me hizo los moldes con algo parecido a la plastilina rellenando mi canal auditivo para hacer los audífonos a medida. Pasaron dos semanas y los tuve en mi mano. Aún recuerdo mis primeras sensaciones al tenerlos en mis manos y ponermelos. Sensaciones de extrañeza e incredulez de que no me estaba pasando a mí. Aunque Sandra me explicó que no me duchara con ellos y que me los pusiera, no le hice caso en este último.Tuvieron que pasar tres largos y confusos años en que me encontraba totalmente perdido, hasta llegar el día de estar en Londres con mi hermana y dar por sentado que no oía bien.

Aunque el camino no ha sido coser y cantar hasta llegar al punto de tenerlo normalizado como si lo hubiese llevado toda la vida, ha valido la pena una vez superado. La barrera a superar fue que me negaba a aceptarlo como parte de mí y no quería aceptarlo.

Monday, 15 August 2011

Capítulo II: El calibraje de la voz


Creo que la voz es importantísima para nuestras vidas, pues nos va a acompañar toda nuestra vida. Nuestra voz, entre tantas posibilidades, vehiculiza nuestros conocimientos, canaliza las negociaciones, seduce a la audiencia, enfatiza nuestra intención.
En suma, la voz es una de las más importantes cartas de presentación.

Ya desde hacía un tiempo (pero especialmente un año, desde que tengo audífonos nuevos) terminé de verificar que algo pasaba con mi voz.

Y es que algunas veces me siento seguro y otras no respecto a mi voz, simplemente porque no la percibo igual con audífonos, sin o con uno solo. Así que cuando me fallan, uno no llega a calibrar bien la voz. ¿Qué es lo quiero decir? Al no poder oír los sonidos agudos, con el paso de las horas y luego de los días sin audífonos empiezo a hablar más por la fosa nasal, invadiéndome con ello una sensación de vergüenza y extrañeza a la vez del sonido de mi voz. A veces, parece ser que tampoco vocalizo bien y se me entienden otras cosas. Así pues, estando rotos, hasta tener los audífonos reparados, emprendo una lucha constante diaria por intentar hablar bien (entonar y vocalizar bien) y con sensación de seguridad.
Nuestra voz nace de la simple y poderosa intención de decir algo con lo que se prepara nuestra laringe (órgano emisor, donde se encuentra las 2 cuerdas vocales), la boca, los pulmones, la musculatura de nuestro cuello, controla nuestra postura, se entreteje con nuestras emociones y posibilita que salga el sonido. Siendo el resultado de una sinergia.
Pensemos en la importancia de tener una técnica adecuada que nos permita entrenar para los distintos requerimientos vocales.
Somos profesionales de la voz; ésta es la herramienta principal de nuestro trabajo.
Para ello, es imprescindible emitir el sonido sin forzarlo para no cansarse y evitar así posibles alteraciones posteriores (disfonías, dolor al hablar, cansancio al emitir sonido, etc.)

Por lo tanto, viendo que es una cosa común aunque puede que de diferente manera, que también le pasa a la gente oyente (gente que oye al 100%) fue una de mis primeras barreras en superar.
A veces me acuerdo de cuando estaba en clase de historia de 2º de bachiller, no me enteraba de nada, aborrecía aquellas clases. Y es que la clase era casi toda oral, por eso. Si el profesor se iba para el lado opuesto al que estaba, sabía que seguía hablando, pero no entendía casi nada. Las sensaciones eran de frustración e impotencia. Hacia el final del trimestre, me preguntó el profesor, que qué pasaba, si teníamos problemas a mi compañero (que era un holgazán y lo de letras no era el suyo) y a mí. Yo mentí, a pesar de que sabía cuál era el problema (no me atrevía a ponerme los audífonos), así que, le dije que tenía problemas en casa.

También recuerdo una manera de encubrirme, como para crear un escudo para protegerme de que yo no tenía ni un ápice de sordo, cuando alguien no había oído algo bien, mi ego se apresuraba a repetírselo de manera que que yo lo había oído y el otro no. Así, con esto lograba esquivar más la realidad. Ya fuese por miedo o por no saber cómo afrontarla. Tales cosas solo me hacían más daño que bien.

Fuentes:

Thursday, 11 August 2011

Capítulo I: Silencio, el tuyo y el mío.

Antes de empezar, copio el enlace de la última entrada del blog que escribí al finalizar mi ERASMUS, explicando mi último mes en Suecia sin posibilidad de poder reparar mis audífonos. Se titula, qué jodido es ser normal, ahí va:
Fue a raíz de esto, que me he decidido a escribir este nuevo blog.



CAPITULO I: SILENCIO, EL TUYO Y EL MÍO

Podría asegurar con la mano en el fuego y no me quemo que para una persona con pérdida auditiva el silencio adquiere otra connotación además de la que se tiene como concepto de él. No es lo mismo tú silencio, que mi silencio sin los audífonos.

Veamos que piensa una persona así (al menos yo). Para que veas lo subjetivo que puede llegar a ser te haré una pregunta.

¿Qué es para ti el silencio? Piénsa la respuesta.
Yo te diré lo que es tu silencio desde mi punto de vista (te pondré 2 situaciones de lo más normales pero que me gustan mucho):
Imáginate que estas en el balcón de un quinto piso, dónde cabe una mesa redonda de madera baja y dos cómodas y blancas hamacas. ¿Ya? Ahora siéntate en una de ellas, relájate y dirige tu mirada a través de los barrotes pintados de negro del balcón, donde se ve un parque con altos, verdosos y grandes árboles y columpios. No oyes nada, excepto un leve pero constante susurro y un sonido vivo y enérgico de ir y venir de la naturaleza. Ese susurro, es el susurro que hacen las hojas de los árboles al moverse por el aire y el sonido constante y enérgico es el canto de los pájaros con tal de atraer a las hembras. Maravilloso, ¿verdad?
Ahora nos centraremos en otro sonido, pero más artificial:
Imagínate que sigues en el mismo balcón, sentad@ en la misma blanca y cómoda hamaca pero... de noche. Estás en silencio, fumando. Mirando el mismo parque bañado por la tenue luz de las farolas. Oyes un ruido lejano. Es constante, se está moviendo. Es un coche cruzando la intransitada avenida que queda justo al lado. Cada vez se aleja más y más el ruido de su tubo de escape. El ruido del motor en combustión se va haciendo leve hasta disolverse en la noche. Hasta volver otra vez a la tranquila y tenue noche que estábamos al principio. Maravilloso, también, ¿no?

Mi silencio (sin audífonos, matizo) no tiene << tanto volumen >>. Mi silencio sería estar en el mismo sitio que te acabas de imaginar, sentado en la blanca hamaca, y dentro de una burbuja de plástico insonorizada. Es decir, con mi canal auditivo no soy capaz de percibir esos sonidos que hemos imaginado ahora.

Saturday, 25 June 2011

Introducción


PRÓLOGO
Con este blog no quiero parecer egocéntrico porque ya sé que existen más problemas y peores que el mío en este mundo, y que cada uno tiene el suyo. Pero poniéndonos así podríamos llegar hasta la muerte. 
La finalidad de este blog es para quién lo lea y para mí. Para mí, porque pretendo escribiendo, una cosa tan difícil, interesante y maravillosa a la vez que es: conocerme mejor. Y para los lectores, es que sirva tanto como para que la gente sana que suele ser de mente más cerrada se cuestione ciertos valores sociales logrando un mayor entendimiento (jamás comprender por razones experimentales) respecto a la diferencia de una persona con hipoacusia (perdida auditiva), con la manera de percibir con el sentido del oído la vida. También va para todos aquellos que se sientan identificados.
Todas estas situaciones que me han pasado, me pasan y me pasarán en la vida cotidiana me han llevado a la única solución: desaprender lo aprendido y aprender a vivir bajo otro prisma. Bajo otro código de valores.



INTRODUCCIÓN

Quizá, afrontarlo en plena adolescencia donde todo es tan confuso, el carácter se esta forjando y unbusca su propia identidad, lo que mas me costó fue asumir muchas cuestiones y conceptos nuevos en medio de un mundo oyente (matizo por si acaso, que me refiero concretamente al aspecto auditivo, pues la adolescencia la pasamos todos). Y es que el adolescente sordo (o parcialmente como es mi caso) desea identificarse con lo que le rodea y al no saber cómo hacerlo sin dejar de ser uno mismo, se frustra y se rebela contra si mismo o contra el mundo que le rodea.
Y es que, volviendo al pasado, siempre te encontrabas con una mirada que te examinaba, aunque se retirara cuando la descubrieras. Estas << miradas furtivas >> -como yo las llamo- constantemente te recordaban tu situación: tu trauma. Y es, precisamente, contra esta inevitable expectación que siempre causas, contra la que tienes que hacerte fuerte. Al principio te daña contemplar ese gesto de lástima hacia ti, pero después aunque continuas percibiéndolo, ya no te afecta de igual modo, pues tienes más asumida tu situación. Aun así siempre hay un momento que puede resultarte hiriente.

Yo creo que tuve suerte, porque supe estimularme a mi manera (aunque creo que un psicólogo lo hubiese hecho en mucho menos tiempo y mejor, que para eso están) con el inglés, viajar, conocer gente y leer todo tipo de libros (especialmente de psicología).
Por ello, es imprescindible que recibiera a mi manera ese sostén psicológico que te ayuda a << reconstruirte >>. A ser fuerte ante las nuevas vivencias que tendrás que vivir. Es necesario empezar << de cero >> y aprender a vivir bajo otro orden si no quieres sucumbir a una vida de depresión, amargura y frustración.
El detonante que me hizo cambiar el chip de verdad fue el estar 3 semanas en Londres con mi hermana y no enterarme mucho con el inglés. Aunque no me los puse de un día por otro. Tuvieron que pasar unos 6 meses, y yendo a la universidad, aún estando en primera fila me costaba saber de que iba la materia que estaba dando el catedrático. Así que con miedo por las respuestas que pudiera encontrar en la gente, empecé a ponérmelos. A pesar de que el resultado ha sido buenísimo, tuve que vencer varias veces la tentación de salir huyendo cuando por ejemplo, tenía que afrontar la situación de que no escuchaba bien y por lo tanto explicar mi problema con tal de lograr normalizar mi condición. Con el tiempo, me he sorprendido << tener tan asumidas >> las reacciones que voy a suscitar en los demás.
Este fue mi gran barrera a superar, pero lo que no sabía, que en esta transición del hilo de mi vida solo había pasado el primer nudo, me quedaba otro nudo igual o peor de estrangulador por pasar. Este segundo nudo simplemente era el hecho de tener que aceptar solo poder oír unas veces sí y otras no (por que después de todo, los audífonos son aparatos eléctricos y se rompen alguna que otra vez). Aunque llegué a llorar por lo desgraciado que me sentía estando solo un día en la cocina preparándome un sándwich por no tenerlo asumido, ahora puedo decir que ya no es así. Eso no hubiera sido posible sin la gente que me quiere.
Así que, aprovecho esta oportunidad para agradecer públicamente a mis abuelos, mis padres y a mi hermana, Rosa, toda la ayuda y el amor que me han ofrecido desde siempre.