Creo que la voz es importantísima para nuestras vidas, pues nos va a acompañar toda nuestra vida. Nuestra voz, entre tantas posibilidades, vehiculiza nuestros conocimientos, canaliza las negociaciones, seduce a la audiencia, enfatiza nuestra intención.
En suma, la voz es una de las más importantes cartas de presentación.
Ya desde hacía un tiempo (pero especialmente un año, desde que tengo audífonos nuevos) terminé de verificar que algo pasaba con mi voz.
Y es que algunas veces me siento seguro y otras no respecto a mi voz, simplemente porque no la percibo igual con audífonos, sin o con uno solo. Así que cuando me fallan, uno no llega a calibrar bien la voz. ¿Qué es lo quiero decir? Al no poder oír los sonidos agudos, con el paso de las horas y luego de los días sin audífonos empiezo a hablar más por la fosa nasal, invadiéndome con ello una sensación de vergüenza y extrañeza a la vez del sonido de mi voz. A veces, parece ser que tampoco vocalizo bien y se me entienden otras cosas. Así pues, estando rotos, hasta tener los audífonos reparados, emprendo una lucha constante diaria por intentar hablar bien (entonar y vocalizar bien) y con sensación de seguridad.
Nuestra voz nace de la simple y poderosa intención de decir algo con lo que se prepara nuestra laringe (órgano emisor, donde se encuentra las 2 cuerdas vocales), la boca, los pulmones, la musculatura de nuestro cuello, controla nuestra postura, se entreteje con nuestras emociones y posibilita que salga el sonido. Siendo el resultado de una sinergia.
Pensemos en la importancia de tener una técnica adecuada que nos permita entrenar para los distintos requerimientos vocales.
Somos profesionales de la voz; ésta es la herramienta principal de nuestro trabajo.
Para ello, es imprescindible emitir el sonido sin forzarlo para no cansarse y evitar así posibles alteraciones posteriores (disfonías, dolor al hablar, cansancio al emitir sonido, etc.)
Por lo tanto, viendo que es una cosa común aunque puede que de diferente manera, que también le pasa a la gente oyente (gente que oye al 100%) fue una de mis primeras barreras en superar.
A veces me acuerdo de cuando estaba en clase de historia de 2º de bachiller, no me enteraba de nada, aborrecía aquellas clases. Y es que la clase era casi toda oral, por eso. Si el profesor se iba para el lado opuesto al que estaba, sabía que seguía hablando, pero no entendía casi nada. Las sensaciones eran de frustración e impotencia. Hacia el final del trimestre, me preguntó el profesor, que qué pasaba, si teníamos problemas a mi compañero (que era un holgazán y lo de letras no era el suyo) y a mí. Yo mentí, a pesar de que sabía cuál era el problema (no me atrevía a ponerme los audífonos), así que, le dije que tenía problemas en casa.
También recuerdo una manera de encubrirme, como para crear un escudo para protegerme de que yo no tenía ni un ápice de sordo, cuando alguien no había oído algo bien, mi ego se apresuraba a repetírselo de manera que que yo lo había oído y el otro no. Así, con esto lograba esquivar más la realidad. Ya fuese por miedo o por no saber cómo afrontarla. Tales cosas solo me hacían más daño que bien.
Fuentes:
No comments:
Post a Comment