Thursday, 18 August 2011

Capítulo III: La pérdida auditiva








Aunque técnicamente se llama hipoacusia, me imagino que igual después de leer varias veces estas palabras; pérdida auditiva, te gustaría saber que es lo que la causa. Son muchos los factores que contribuyen a la pérdida auditiva. Podríamos dividirlos en dos bloques: prevenibles y no prevenibles.
Los prevenibles serían:
  • Por ruido derivado de escuchar música a alto volumen.
  • Trabajar en un entorno ruidoso (una fábrica, en el asfalto la calle).
En cambio, los no prevenibles:
  • Factores hereditarios.
  • Enfermedades.
  • Reacciones a medicamentos.
  • Lesiones.
  • Complicaciones durante el embarazo.

En mi caso, es hereditario. Mi abuela también lo tiene. El caso es que hasta los 16 años pude hacer "vida normal" sin el uso de ellos (aunque siempre digo esto, después de haber experimentado tanta riqueza auditiva con los audífonos, sé que mi infancia hubiese sido otra cosa, supongo que mejor por oír mejor pero, por otro lado, con lo desastre que soy, peor, jeje. Menudos disgustos le hubiese dado a mi madre perdiendo unos aparatos tan caros).
Volviendo al hilo principal, voy a contar como se desencadenó mi historia hasta tener los audífonos. Hasta que llegué a 4rto de la E.S.O siempre pude << apañarmelas >> . Pero, un jueves de Marzo, en la segunda hora del instituto, en pleno examen de Biología, donde no eramos mucho, porque era una asignatura opcional, Leah, la profesora, sentada en su mesa ubicada al fondo y al centro de la clase, me llamó. Yo estaba al lado de su mesa pero pegado a la pared, en la esquina derecha. Concentrado con las leyes de Mendel y sus cruces hereditarios estaba cuando de repente un escalofrío me recorrió la espalda entera, desde el final de la columna vertebral hasta el cerebro.
No sé las veces que me habría llamado, tres, cuatro o cinco. Al girar mi cabeza vi a mis compañeros riéndose con la risa de hiena que tanto detestaba. Dada su desinformación hacia mi problema, supongo que se reirían igual que de alguien que no oye algo, dando a entender que está en la parra. Aunque aquello me dolió. Entonces Leah empezó a preguntarme que me pasaba, yo le mentí diciendo que no oía bien por la oreja izquierda. Entonces se lo dijo a la tutora. La tutora me intercambió de sitio con Cristina (La Gata) poniéndome en el lado izquierdo de la clase con Noelia para así poder oír por la oreja derecha. Pero la tutora en poco tiempo, días quizá, se dió cuenta que no iba bien. Así pues, la tutora, Rosa Bordes (hoy puedo estarle agradecido, pues yo era un cobarde), que conoce a mi madre, se lo dijo.
A raíz de esto, mi madre me llevó a una médica privada en el mismo pueblo, Pego. La doctora Blanes me hizo una audiometría (prueba en la que se miden los tonos graves y agudos en una cabina insonorizada, como la imagen de la izquierda) en su despacho. En este instante, la mezcla de seriedad, silencios un poco largos y miradas de compasión me hacían sentir incómodo y en tensión.
El resultado, un papel donde había una gráfica con dos líneas (como la imagen de abajo) representando cada color cada oído, verificó lo que más temía en ese momento.
Estaba por debajo del umbral de una persona oyente normal. Eso significaba que iba a necesitar audífonos. En ese momento se me hizo una montaña enorme, tan alta que no veía el pico.

Entonces, como la doctora Blanes trabaja en el hospital de Dénia, La Pedrera, me mandó para allí, haciéndome otra audiometría para finalmente recomendarme un centro de corrección auditiva, GAES.
Días más tarde, después de pedir cita en una sede en Oliva, pues en mi pueblo no hay, fuí. Una vez allí, me atendió una mujer sonriente, con pelo castaño y rizado.
Sandra, me hizo los moldes con algo parecido a la plastilina rellenando mi canal auditivo para hacer los audífonos a medida. Pasaron dos semanas y los tuve en mi mano. Aún recuerdo mis primeras sensaciones al tenerlos en mis manos y ponermelos. Sensaciones de extrañeza e incredulez de que no me estaba pasando a mí. Aunque Sandra me explicó que no me duchara con ellos y que me los pusiera, no le hice caso en este último.Tuvieron que pasar tres largos y confusos años en que me encontraba totalmente perdido, hasta llegar el día de estar en Londres con mi hermana y dar por sentado que no oía bien.

Aunque el camino no ha sido coser y cantar hasta llegar al punto de tenerlo normalizado como si lo hubiese llevado toda la vida, ha valido la pena una vez superado. La barrera a superar fue que me negaba a aceptarlo como parte de mí y no quería aceptarlo.

Monday, 15 August 2011

Capítulo II: El calibraje de la voz


Creo que la voz es importantísima para nuestras vidas, pues nos va a acompañar toda nuestra vida. Nuestra voz, entre tantas posibilidades, vehiculiza nuestros conocimientos, canaliza las negociaciones, seduce a la audiencia, enfatiza nuestra intención.
En suma, la voz es una de las más importantes cartas de presentación.

Ya desde hacía un tiempo (pero especialmente un año, desde que tengo audífonos nuevos) terminé de verificar que algo pasaba con mi voz.

Y es que algunas veces me siento seguro y otras no respecto a mi voz, simplemente porque no la percibo igual con audífonos, sin o con uno solo. Así que cuando me fallan, uno no llega a calibrar bien la voz. ¿Qué es lo quiero decir? Al no poder oír los sonidos agudos, con el paso de las horas y luego de los días sin audífonos empiezo a hablar más por la fosa nasal, invadiéndome con ello una sensación de vergüenza y extrañeza a la vez del sonido de mi voz. A veces, parece ser que tampoco vocalizo bien y se me entienden otras cosas. Así pues, estando rotos, hasta tener los audífonos reparados, emprendo una lucha constante diaria por intentar hablar bien (entonar y vocalizar bien) y con sensación de seguridad.
Nuestra voz nace de la simple y poderosa intención de decir algo con lo que se prepara nuestra laringe (órgano emisor, donde se encuentra las 2 cuerdas vocales), la boca, los pulmones, la musculatura de nuestro cuello, controla nuestra postura, se entreteje con nuestras emociones y posibilita que salga el sonido. Siendo el resultado de una sinergia.
Pensemos en la importancia de tener una técnica adecuada que nos permita entrenar para los distintos requerimientos vocales.
Somos profesionales de la voz; ésta es la herramienta principal de nuestro trabajo.
Para ello, es imprescindible emitir el sonido sin forzarlo para no cansarse y evitar así posibles alteraciones posteriores (disfonías, dolor al hablar, cansancio al emitir sonido, etc.)

Por lo tanto, viendo que es una cosa común aunque puede que de diferente manera, que también le pasa a la gente oyente (gente que oye al 100%) fue una de mis primeras barreras en superar.
A veces me acuerdo de cuando estaba en clase de historia de 2º de bachiller, no me enteraba de nada, aborrecía aquellas clases. Y es que la clase era casi toda oral, por eso. Si el profesor se iba para el lado opuesto al que estaba, sabía que seguía hablando, pero no entendía casi nada. Las sensaciones eran de frustración e impotencia. Hacia el final del trimestre, me preguntó el profesor, que qué pasaba, si teníamos problemas a mi compañero (que era un holgazán y lo de letras no era el suyo) y a mí. Yo mentí, a pesar de que sabía cuál era el problema (no me atrevía a ponerme los audífonos), así que, le dije que tenía problemas en casa.

También recuerdo una manera de encubrirme, como para crear un escudo para protegerme de que yo no tenía ni un ápice de sordo, cuando alguien no había oído algo bien, mi ego se apresuraba a repetírselo de manera que que yo lo había oído y el otro no. Así, con esto lograba esquivar más la realidad. Ya fuese por miedo o por no saber cómo afrontarla. Tales cosas solo me hacían más daño que bien.

Fuentes:

Thursday, 11 August 2011

Capítulo I: Silencio, el tuyo y el mío.

Antes de empezar, copio el enlace de la última entrada del blog que escribí al finalizar mi ERASMUS, explicando mi último mes en Suecia sin posibilidad de poder reparar mis audífonos. Se titula, qué jodido es ser normal, ahí va:
Fue a raíz de esto, que me he decidido a escribir este nuevo blog.



CAPITULO I: SILENCIO, EL TUYO Y EL MÍO

Podría asegurar con la mano en el fuego y no me quemo que para una persona con pérdida auditiva el silencio adquiere otra connotación además de la que se tiene como concepto de él. No es lo mismo tú silencio, que mi silencio sin los audífonos.

Veamos que piensa una persona así (al menos yo). Para que veas lo subjetivo que puede llegar a ser te haré una pregunta.

¿Qué es para ti el silencio? Piénsa la respuesta.
Yo te diré lo que es tu silencio desde mi punto de vista (te pondré 2 situaciones de lo más normales pero que me gustan mucho):
Imáginate que estas en el balcón de un quinto piso, dónde cabe una mesa redonda de madera baja y dos cómodas y blancas hamacas. ¿Ya? Ahora siéntate en una de ellas, relájate y dirige tu mirada a través de los barrotes pintados de negro del balcón, donde se ve un parque con altos, verdosos y grandes árboles y columpios. No oyes nada, excepto un leve pero constante susurro y un sonido vivo y enérgico de ir y venir de la naturaleza. Ese susurro, es el susurro que hacen las hojas de los árboles al moverse por el aire y el sonido constante y enérgico es el canto de los pájaros con tal de atraer a las hembras. Maravilloso, ¿verdad?
Ahora nos centraremos en otro sonido, pero más artificial:
Imagínate que sigues en el mismo balcón, sentad@ en la misma blanca y cómoda hamaca pero... de noche. Estás en silencio, fumando. Mirando el mismo parque bañado por la tenue luz de las farolas. Oyes un ruido lejano. Es constante, se está moviendo. Es un coche cruzando la intransitada avenida que queda justo al lado. Cada vez se aleja más y más el ruido de su tubo de escape. El ruido del motor en combustión se va haciendo leve hasta disolverse en la noche. Hasta volver otra vez a la tranquila y tenue noche que estábamos al principio. Maravilloso, también, ¿no?

Mi silencio (sin audífonos, matizo) no tiene << tanto volumen >>. Mi silencio sería estar en el mismo sitio que te acabas de imaginar, sentado en la blanca hamaca, y dentro de una burbuja de plástico insonorizada. Es decir, con mi canal auditivo no soy capaz de percibir esos sonidos que hemos imaginado ahora.